Barranquilla 2018

Banner-Web-300x180

Santa Marta no ganó la sede de los XVIII Juegos Bolivarianos por haber deslumbrado con sus propuestas. Al contrario, muchas de ellas se quedaron en el campo de la fe.

Santa Marta ganó la sede. por el respeto que desplegó a lo largo del proceso, por las autoridades, por la meta, por las reglas, por los rivales y por las instancias a superar, en suma, por el Juegos Limpio, primordial en cualquier contienda deportiva, dentro y fuera de los escenarios.

Luego de año y medio de trabajo, liderado por el fogoso alcalde Carlos Eduardo Caicedo Omar, apoyado por las fuerzas vivas de la capital del Magdalena, el Comité Olímpico Colombiano y el Gobierno Nacional, la ciudad ya es la sede de un certamen que reunirá a más de 7.000 personas, durante quince días, para competir por los honores, en el primer torneo multideportivo del ciclo olímpico 2017-2020.

Todo hacía presagiar que Santa Marta sería escogida como la sede: los apoyos recibidos desde el  Comité Olímpico Colombiano y el alto gobierno; la forma como se preparó la candidatura; los actos realizados durante la llegada de la antorcha olímpica, el pasado 8 y 9 de noviembre; las declaraciones de los delegados que visitaron la capital samaria por ese motivo, y la renuncia de Ciudad Bolívar, Venezuela, a su aspiración, que pudo haber sido el argumento contundente para creerse ganadores.

Todo presagiaba que sería una victoria sin atenuantes.

Sin embargo, el manejo de la solitaria candidatura nunca cambió, porque se asumió como si los rivales fueran varios y de altísimo poder.

Por eso, antes y después de conocerse que el camino estaba expedito, tras la renuncia de Ciudad Bolívar, el propio alcalde reafirmó que nada había cambiado y que seguirían adelante para conseguir, no por defecto (la ausencia de rival), sino por exceso (la abundancia de argumentos a su favor), ese triunfo con el cual el burgomaestre había soñado año y medio atrás.